28 de abril 2026
28 de abril 2026
Kenia Sánchez Lorenzano
Contadora, profesora, feminista y activista
El mito de la madre perfecta y la culpa que nos atraviesa
Hoy quiero escribir desde lo más profundo, algo en lo que muchas nos vamos a identificar y de lo que poco se habla; es el sentimiento de culpa como madres.
Siempre voy a sostener que las mujeres tenemos muchas cargas, todos los días tenemos mucho peso en nuestros hombros, todas por igual, no importa si estás con una pareja o estás como madre autónoma. Claro que aunque estemos en el mismo mar, algunas navengan en yate de lujo y otras en una panga.
La maternidad ha sido un tema que se ha romantizado y además prácticamente exigido para que seas “una mujer completa”; además, la sociedad te marca el tiempo, la forma, la cantidad, que debe ser dentro de un matrimonio, más aún, cómo debes conducirte como esposa abnegada, de hogar, paciente y tolerar todo. Pero la realidad es sumamente distinta; claro que la maternidad que es hermosa, tienes el privilegio de dar vida, pero debe ser por decisión, ver crecer a tu hijo, los momentos, sus logros, su sonrisa hermosa, sus primeras palabras cuando te llama mama es la sensación más bonita que he conocido, ese amor incondicional e infinito que día a día crece, y esa fuerza y capacidad de hacerte todo, sin límite, por defenderlo y cuidarlo es inigualable; pero ello se da cuando hay madurez emocional, estabilidad económica, una red de apoyo: familia, amigos, comunidad, y aún así es pesada, cansada, prácticamente entregas tu vida para que un ser empiece a formar la suya, te olvidas de volver a dormir con calma y plácidamente, pues ya vives alerta con un oído agudo ante cualquier situación estar al pendiente; cuando se enferma son noches que no duermes, hay angustia, preocupación, ruegas volver a tener a tu niño sano no importa las travesuras que haga y la energía imparable que tenga pero deseas que vuelva a tener su salud; tu cuerpo no es el mismo, ya hay cicatrices que te recuerdan que diste vida, te adaptas a un nuevo estilo de vivir donde aunque no sepas hacer algo, lo aprendes, te informas, y lo haces, nadie te enseña a ser madre pero lo aprendemos por amor y decisión, por desear que esté bien nuestro bebé, cambiamos pañales, bañamos al recién nacido con un tremendo miedo y nerviosismo, despiertas “n” veces en la madrugada para saber si está respirando bien, anotas dosis, tiempo y para que sirve cada medicina dada por el pediatra, checas los tiempos para la comida o toma de leche, te aseguras que hagas bien el proceso de sacar el aire al bebé para que no tenga cólicos, cambias el pañal en la madrugada con sumo cuidado para que no se vaya a lastimar, te conviertes en nutrióloga porque deseas darle la alimentación de calidad a tu bebé, investigas con la experiencia de otras mamis que pediatra es mejor, aseguras tener tu pañalera lista con todo lo necesario para cualquier salida, a la vez, también trabajas, también cocinas, lavas trastes, ropa, barres, trapeas, limpias muebles, haces el mercado, intentas seguir estudiando, te enfermas pero prácticamente no importa porque tú tienes que seguir haciendo todo eso, no hay un espacio que te permita descansar, recuperarte, nada, porque tu bebé quiere su leche, quiere tu calor para dormir, sentir tu protección. Pero si no controlas uno o todos estos factores, es doblemente complicado, no sólo para la madre sino también para las niñas y niños; les espera una vida de carencias, niñas cuidando a otras niñas, cuando las niñas son niñas, no madres, no tienen la madurez ni paciencia ni la mínima idea de crianza. Además, de truncar sus oportunidades de formación educativa y laboral.
Agreguemos a todo esto, un peso que no se ve pero que está ahí: el sentimiento de culpa; es cuando nos agotamos, explotamos y nos derrumbamos. Mucho se viralizan videos de mamás llorando en una esquina, si prestan atención están en una esquina solas en la madrugada, eso significa que llevan días sin dormir, desveladas, cansadas, seguramente sin comer a tiempo, muchas veces aún con pareja es como vivir solas, pues no tienen su apoyo e involucramiento. Algunas otras veces lo gritamos, otras solo lo pensamos y de ahí viene lo más doloroso, somos nuestro peor verdugo después de la sociedad machista, nos sentimos mal por cansarnos, por llorar, por desahogarnos, nos señalamos como malas madres, nos sentimos lo peor, nos preguntamos ¿lo estaré haciendo bien? ¿Estaré siendo la causante de detonar en un futuro un problema de salud mental? ¿Estaré repitiendo el patrón de mi infancia con mi bebé? Y ahí vamos de nuevo pidiendo perdón por las noches mientras nuestro terreneitor duermen, sintiéndonos lo peor, rogando que nos perdone, que lo haremos mejor. Y así siempre, las mamás no solo cargamos con la crianza sino con un sentimiento de culpa por todo, y que además nunca se acaba, es decir, aunque nuestro hijo crezca, sea un adulto, hasta por sus malas decisiones nos sentiremos responsables, aún dándolo todo, aún dando ejemplos, valores, etc, nos sentiremos responsables y culpables por todo, si trabajamos porque trabajamos y no estamos dedicando tiempo con nuestros hijos, si se enferman porque seguramente fue porque no lo cuidamos bien; si limpiamos porque limpiamos cuando debemos cuidar y jugar con los hijos pero sino limpiamos también nos sentimos mal por no tener un hogar limpio y ordenado para nuestros hijos; si vamos a correr por salud, para oxigenarnos o ir por frappe para un momento a solas, también nos sentimos culpables por ser egoístas y querer estar a solas; si queremos comprarnos un vestido nuevo por nuestro cumpleaños o simplemente un gusto, nuevamente el sentimiento de culpa por usar ese dinero que podría usarse para ropa o un juguete para nuestro hijo aunque tenga todo un cuarto que parece juguetería, en fin, nunca estamos en paz con nosotras mismas, nos sentimos culpables por todo, siempre nos sentimos insuficientes, que nos falta algo más para que sea perfecto, encima la carga, las triples jornadas, y una sociedad que nos exige criar como sino trabajáramos y que trabajemos como si no criáramos.
Hace falta mucha empatía y el involucramiento de todos y todas, padres que asuman con amor y responsabilidad su paternidad, también pueden hacerlo, nadie nos enseña, pero aprendemos por decisión de querer hacer las cosas, Empresas que concilien horarios laborales y familiares, Gobierno que implemente sistemas de cuidado adecuados y accesibles, y Comunidad que nos arrope y ayude con mucho amor.
Si me estás leyendo y te identifícaste, querida mami déjame decirte que lo estás haciendo excelente, nadie más lo haría mejor que tú, te abrazo muy fuerte y tienes todo el reconocimiento y respeto por ese trabajo tan exhausto que haces día con día.
Y si eres de los que al ver una noticia de inmediato juzgas a la madre con frases o preguntas: ¿dónde estaba la madre? ¿Eso le pasa por descuidada? “Las madres de ahora ya no cuidan como antes” “si yo fuera ella no hubiera pasado eso” “seguro estaba en el celular en lugar de cuidar” “una buena madre no deja que pase eso” te pido que reconsideres, reflexiones con una mirada justa, la idea de que la madre es la única responsable del bienestar de sus hijos, invisibilizando al padre o de otros cuidadores su responsabilidad, su paternidad, porque no cambiamos la pregunta y decimos: ¿ y donde estaba el padre que la mamá tuvo que llevar a su bebé en brazos mientras cargaba una bolsa con un poco de mercado para comer más la pañalera en el hombro y en su espalda una mochila de entrega de comida rápida para ganar un poco de dinero? Informémonos, 3 de cada 4 familias son sostenidas por una madre, y por si fuera poco, los padres a parte de ser abandónocos no pasan pensión alimenticia que por Ley corresponde.
Promovamos la corresponsabilidad de crianza.
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