23 de julio de 2026
23 de julio de 2026
Vicente Álvarez Sánchez
Politólogo por la UAEM
El uso y desinformación de la I.A. en los asuntos de Estado
La estabilidad Estatal, particularmente de Estados democráticos, se enfrenta a un nuevo reto que presenta la tecnología actual. En la sociedad posdigital, caracterizada por la plena asimilación cultural de las tecnologías en la cotidianidad, la información es una arena crítica de disputas de poder, ciberdefensa y soberanía nacional, donde la deliberación publica pasa a ultimo termino. En la era de la digitalización se construyen las percepciones públicas, que condicionan decisiones gubernamentales, legitimidad institucional y orden público, muy interiorizado en la ciudadanía.
Los desórdenes informativos tienen por objeto modular el debate social para alterar la convivencia y deliberación pacífica, más allá de compartir datos erróneos. Este fenómeno exige un análisis del algoritmo y sus lógicas que alteran el espacio público.
Para entender cómo se da esta desinformación debe entenderse la distinción entre opinar, creer y saber. La rápida inmediatez de la IA y redes sociales han dañado el saber, pues al requerir de tiempo reflexivo se es incompatible con la instantaneidad digital.
Para que el ciudadano pueda diferenciar información verdadera o falsa en la era digital, debe tener una postura crítica frente a postulados erróneos difundidos, casi siempre desde cierta elite, para asegurar una posición autónoma. El ciudadano no debe ser proyección de la información difundida por redes sociales y por los grupos de poder, debe ser creadora y protagonista de su propio criterio, opiniones, creencias y saberes.
Aquí es donde entramos a la posverdad, entendida como una inflación de lo posmoderno donde las interpretaciones y las mentiras emotivas adquieren más prioridad sobre los hechos objetivos. Se desplaza el saber por el impacto emocional que genera la información, que resuena con nuestras opiniones o creencias, las cuales los algoritmos de redes sociales conocen muy bien. La posverdad se materializa en desórdenes informativos, los cuales se clasifican según su falsedad y dolo.
Gracias al algoritmo de la IA, estas categorías de desórdenes informativos se propagan como nunca en la historia de la comunicación, donde incluso el Estado se ve limitado para controlarlas, o por lo menos limitarlas o regularlas. La IA cambia nuestra forma de comunicarnos al facilitar la creación, edición y difusión de contenido, que, en muchos casos, desinforma con gran rapidez con el fin de segmentar audiencias por la viralización, que provoca polarización en la interacción de espacios digitales.
La IA con su desinformación en las redes sociales se emplea como arma de guerra por los Estados y ciertas elites. Puede reforzar o alterar relaciones de poder, incluso internacionales, insertándose en zonas grises de conflictos interestatales.
La ciencia política y su rama de defensa nacional demuestra que los modelos de IA junto con los flujos masivos de desórdenes informativos cambian lo que es el arte de la guerra de este siglo. El alto dominio del ciberespacio junto con medios de comunicación manipulados en las actuales guerras bélicas nos demuestra que el éxito de una guerra armada depende del desorden informativo junto con el poderío militar.
El marco jurídico internacional, regulado por el Derecho Internacional Humanitario (DIH), se encuentra débil ante la emergencia de operaciones asimétricas y encubiertas en la denominada "zona gris" —el espacio ambiguo entre la paz y la guerra—, perpetradas tanto por potencias hegemónicas como por actores no estatales.
En esta zona gris, los ejércitos recurren a la combinación destructiva de algoritmos generativos y técnicas de polución informacional para debilitar la gobernanza de las naciones adversarias, eludir sanciones internacionales y doblegar voluntades políticas antes de realizar cualquier movimiento de tropas. Este uso militar e instrumental es muy grave para la defensa de la soberanía nacional.
En el área militar, la inteligencia artificial es una tecnología de doble filo. Por un lado, como multiplicador de fuerza militar letal y no letal; optimiza el reconocimiento de objetivos, agiliza los sistemas logísticos y permite el desarrollo de Sistemas de Armas Autónomas Letales (SAAL) capaces de buscar, identificar y eliminar objetivos sin participación humana. Por otro lado, la alta delegación de decisiones de vida o muerte en el "frío cálculo de los algoritmos" —como ha sido denunciado por el secretario general de la ONU, António Guterres, ante el uso en la Franja de Gaza del sistema de procesamiento de datos "Lavanda" para la selección de objetivos militares— genera grandes daños al DIH y deshumanización digital de víctimas civiles.
La inteligencia artificial militarizada usada para la anticipación y modelado estratégico mediante simulaciones de conflicto a gran escala en ejercicios experimentales recientes, los modelos de lenguaje recomendaban el uso inmediato de armamento nuclear bajo la premisa lógica de salvaguardar la paz y el orden global, un escenario que abre el camino a una Destrucción Mutua Asegurada por Computadora (DMAC) si se descarta el control humano riguroso en las plataformas de defensa nacional.
La necesidad de regular y tener un código moral en los algoritmos es urgente.
El día de ayer 22 de julio del presente, asesinaron cobardemente al presidente municipal de Temoac a las afueras del Ayuntamiento, la Fiscalia de Morelos informó que agotarán todas las líneas de investigación en torno a estos lamentables hechos.