06 de marzo de 2026

 06 marzo de 2026

Jesús Ramírez 

Politólogo por la Universidad Autónoma del estado de Morelos 

CRISIS EN LA UAEM: LA INSEGURIDAD AMENAZA SU AUTONOMÍA.

Antes de comenzar la presente columna de opinión, expreso mis más sinceras condolencias a la familia de Kimberly Joselin Ramos Beltrán, ninguna palabra puede aliviar el profundo dolor que hoy enfrentan por esta irreparable pérdida; deseo de todo corazón que encuentren fortaleza y acompañamiento en estos momentos tan difíciles, y que la memoria de Kimberly permanezca siempre presente. Desde este espacio, me sumo a las voces que claman justicia para su caso.

Durante mucho tiempo, se ha pensado que las escuelas y los centros de trabajo son espacios seguros, sin embargo, la realidad demuestra lo contrario. Desafortunadamente, la inseguridad cobró una vida más, la vida de Kimberly Joselin Ramos, una joven que comenzaba a prepararse para la vida profesional, que tenía sueños y metas, con ideales de obtener un mejor futuro para ella y su familia.

El pasado viernes 20 de febrero, Kimberly Ramos de tan sólo 18 años de edad, se preparaba, como todos los días, para tomar sus clases en la Facultad de Contaduría, Administración e Informática de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos; la joven estudiante, en todo momento le informó a su familia su trayecto y llegada a la máxima casa de estudios. Tristemente, ese fue el último mensaje que recibieron por parte de ella.

Al día siguiente de su desaparición, familiares, amigos y compañeros comenzaron a movilizarse para dar con su paradero, sobre todo a solicitar las evidencias, en específico, los vídeos que demostraban la llegada de Kimberly a la universidad. Sin embargo, las autoridades universitarias nunca proporcionaron las evidencias necesarias para dar con su paradero.

La inconformidad de la comunidad universitaria hacia sus autoridades puede resumirse en dos puntos esenciales. El primero se origina en el hartazgo frente a los hechos delictivos que ocurren día a día en el Estado de Morelos, mismos que se han intensificado en el campus universitario, sin que se observen acciones reales y concretas por parte de las autoridades para prevenirlos.

El caso de Kimberly Ramos, no es el único caso aislado que ha cuestionado las garantías de seguridad al interior de la UAEM, durante la gestión de la rectora Viridiana Aydeé León Hernández se han registrado al menos dos casos más de desaparición.

El primer caso ocurrió en septiembre del 2024, en dónde los biólogos e investigadores jubilados de la UAEM, Laura Ortiz y Enrique Sánchez, fueron secuestrados, presuntamente, en la zona boscosa de la institución educativa, tristemente días después fueron localizados sin vida.
El segundo caso, se desarrolló en abril del 2025, la estudiante de psicología de la UAEM, Aylín Rodríguez Fernández fue reportada como desaparecida. Gracias a las cámaras de videovigilancia, ubicadas al interior del campus, se pudo detectar que la alumna salió caminando de la universidad; lastimosamente un día después la joven fue localizada sin vida.

A los lamentables hechos que he mencionado anteriormente se suman denuncias por acoso sexual, ataques armados, robo de automóviles, motocicletas y objetos personales, e incluso amenazas atribuidas a presuntos grupos delictivos. Estas situaciones han estado presentes en la vida universitaria desde la administración del Dr. Gustavo Urquiza. Sin embargo, pese a la gravedad de estos hechos, lamentablemente las autoridades universitarias no han emprendido acciones eficaces que permitan erradicarlos.

Es importante destacar que los hechos de inseguridad no sólo afectan al campus universitario, también ponen en riesgo a las sedes y preparatorias incorporadas a la UAEM.
El segundo punto, y a mi juicio el más importante sobre la inconformidad de la comunidad universitaria hacia sus autoridades, es el abandono que sufre la comunidad por parte de sus propias autoridades y representantes estudiantiles. Con frecuencia, estos actores utilizan a la comunidad para favorecer sus intereses personales, como ocurre con los sindicatos, que cada vez que planean una huelga solicitan a los alumnos manifestarse en apoyo a sus demandas salariales, con el objetivo de evitar la paralización de la máxima casa de estudios.

Además, la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, no sólo ha estado marcada por los hechos delictivos, también por casos de corrupción que manchan su reputación. El caso más controversial fue el del ex rector Alejandro Vera Jiménez, quien actualmente permanece detenido en el penal Almoloya por los presuntos delitos relacionados con la “Estafa Maestra”, la cual fue un esquema en el que distintas universidades públicas fueron señaladas por presuntamente triangular recursos federales a través de convenios irregulares durante el gobierno del expresidente Enrique Peña Nieto.

Antes de concluir mi participación en esta columna, me parece importante reflexionar lo siguiente: como egresados de nuestra máxima casa de estudios, me duele profundamente la situación que hoy atraviesa. No podemos permanecer indiferentes ante los hechos de inseguridad que vulneran a nuestra comunidad universitaria.
Como exrepresentante estudiantil, me preocupa el actuar de quienes hoy tienen la responsabilidad de alzar la voz por los estudiantes. No debemos olvidar que el voto de confianza de la comunidad implica una obligación moral: defenderla con firmeza, congruencia y compromiso.

La Universidad Autónoma del Estado de Morelos no puede acostumbrarse a vivir entre la incertidumbre y el miedo. Hoy más que nunca, la comunidad universitaria exige algo básico: seguridad, transparencia y responsabilidad. Las autoridades deben asumir con responsabilidad la tarea de garantizar estas condiciones.

Porque la universidad es, y siempre deberá ser, un espacio de conocimiento, libertad y esperanza.
¡Con la UAEM todo, contra la UAEM nada!



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