10 de septiembre de 2026

10 de septiembre de 2026

Silvia Caballero Vargas

Delegada de Jóvenes Movimiento Ciudadano Guerrero

Prevenir el suicidio va más allá de pedir ayuda

Cada 10 de septiembre repetimos una frase necesaria: “pide ayuda”. Pero hay una pregunta que cada vez me parece más difícil ignorar: ¿qué pasa cuando alguien reúne el valor para pedirla y descubre que no puede pagar una consulta, que no encuentra atención cerca o que simplemente no sabe a dónde acudir? Ahí, entendemos que la prevención del suicidio no puede descansar en la capacidad de una persona para sostenerse.

Durante mi adolescencia atravesé años muy difíciles con mi salud mental. Tiempo después, cuando reconocí que necesitaba acompañamiento, apareció una barrera muy concreta: en mi casa no había dinero para pagarlo. No era falta de interés, ni de amor; había necesidades básicas que cubrir y una familia que sostener.

Con el tiempo pude encontrar alternativas, generar mis propios recursos y acercarme a espacios de acompañamiento y, posteriormente, a atención profesional. Encontré herramientas y personas que hicieron una diferencia en mi vida. Durante mucho tiempo pensé que la enseñanza estaba únicamente en haber tenido el valor de buscar ayuda; hoy entiendo algo más: pedir ayuda requiere valentía, pero poder recibirla también requiere condiciones.

Y esas condiciones no son iguales para todas las personas.

Hay quienes pueden pagar una consulta, trasladarse y dedicar tiempo a atenderse. Para otras personas, la prioridad diaria es sostener una casa, conservar un ingreso o garantizar la comida. Hasta detenernos a preguntarnos cómo estamos puede convertirse en un privilegio.

Por eso, no podemos hablar de salud mental sin hablar de justicia social. La Organización Mundial de la Salud reconoce que el suicidio es un fenómeno complejo en el que intervienen factores sociales, culturales, biológicos, psicológicos y ambientales. También identifica entre los factores que pueden aumentar la vulnerabilidad las dificultades económicas, la violencia, la discriminación, el aislamiento y las barreras para acceder a atención.

Cuando ponemos la mirada en las juventudes, la urgencia se vuelve todavía más evidente. Los datos preliminares publicados por INEGI indican que en México ocurrieron 8,709 muertes por suicidio durante 2025 y que, entre las personas de 15 a 29 años, se presentó una tasa de 10.2 por cada 100 mil habitantes. A nivel mundial, la OMS ubica al suicidio como la tercera causa de muerte en ese mismo grupo de edad.

Estamos hablando de jóvenes que intentan estudiar, trabajar, construir relaciones, encontrar oportunidades y hacerse un lugar en el mundo. Ser joven hoy también significa crecer entre expectativas, presión social, comparaciones, incertidumbre sobre el futuro y una vida digital que muchas veces nos muestra cómo “deberíamos” vernos, sentirnos o estar viviendo. A eso pueden sumarse violencias, discriminación, problemas económicos o la falta de redes de apoyo. La OMS reconoce varios de estos factores como parte del entorno que puede afectar la salud mental durante la adolescencia.

Si queremos pedirles a las juventudes que cuiden su salud mental, también tendríamos que preguntarnos qué condiciones les estamos ofreciendo para hacerlo.

Conocer distintas realidades de Guerrero cambió mi manera de mirar este tema. Me hizo entender que las oportunidades, las redes de apoyo y el acceso a servicios pueden cambiar radicalmente de una comunidad a otra. Pedir ayuda es una decisión personal; hacer que esa ayuda exista y sea accesible es también una responsabilidad colectiva y pública.

La prevención exige responsabilidad individual, pero también social y pública: pedir ayuda, acompañar sin juzgar, fortalecer escuelas y comunidades, y garantizar servicios accesibles y suficientes.

En Guerrero existen avances que vale la pena reconocer, desde cambios legales hasta propuestas para ampliar la cobertura del Programa Estatal de Salud Mental y Adicciones. Pero ahí empieza la siguiente conversación: ¿cuánto presupuesto hay?, ¿dónde se ejerce?, ¿a qué municipios llega?, ¿cuántos profesionales atienden?, ¿quién da seguimiento y cómo se miden los resultados?

No son preguntas menores. Desde el propio Congreso de Guerrero se ha solicitado a las autoridades estatales información sobre cobertura territorial, personal disponible, programas en operación, presupuesto ejercido y resultados obtenidos. Lo necesario para una correcta política pública ya que su valor no está únicamente en existir en un documento, sino en demostrar que está funcionando.

Prevenir el suicidio también implica reducir las barreras para recibir atención, acercar servicios a las comunidades, fortalecer la prevención desde las escuelas, informar, invertir y evaluar.

El 10 de septiembre importa, pero el 11 también. Y todos los días que vienen después. Porque prevenir el suicidio no puede depender únicamente de que alguien tenga la fuerza para pedir ayuda. También depende de quecuando lo haga, exista una respuesta, un servicio, una red y una política pública capaz de sostenerla. Si queremos hablar en serio de prevención, tenemos que dejar de preguntarnos solamente qué puede hacer una persona para sobrevivir y empezar a preguntarnos qué estamos haciendo, como sociedad y como Estado, para que tenga condiciones dignas para vivir.

 



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